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  • Título del libro:  Violencias Argentina 1980-2003
  • Autor/a: Eduardo Longoni
  • Año:
  • Editorial:
  • Medidas: 20x20 CM


Violencias

La tensión política y social de la Argentina irresuelta consigue, con excesiva frecuencia, que la violencia encuentre su eterno retorno. Durante la dictadura militar (1976-1983) aquellas sangrías fundantes de la conquista, aquellas guerras brutales y facciosas de la independencia, aquellas matanzas de la Patagonia Rebelde o de la Semana Trágica, se juntaron en un solo haz para perturbar el semblante dolorido del país con una eclosión de terror destinada a marcar los cuerpos de la resistencia, de la oposición y de la crítica.

El videlismo reordena nuestra historia de violencia; a partir de sus matanzas todo atentado, toda muerte, toda explosión remitirá a esa espada chorreante, a la Argentina como un espacio de vida provisoria, donde las formas más salvajes del poder político pueden despertarse y arrinconarnos.

La fotografía de Eduardo Longoni participa de esta lectura: la imagen de la violencia no es solo el momento de la matanza o de la tortura, es un racimo de ojos uniformados, firmes en el hábito de la amenaza. El rearmado de la tragedia es la sombra de una víctima retornando al chupadero donde su vida estuvo suspendida y a punto de desaparecer. Es el gesto pietista y reconcentrado de quien se cree conectado con Dios para justificar su cruzada sanguinaria y buscar la legitimación en el templo donde un chico está recibiendo la hostia. Y son las cargas de caballería y los gestos crispados de las Madres y hasta los espacios vacíos de Malvinas donde hubo alguien que ya no está en ninguna parte. Y es también un juego de imágenes contrastadas: los refugios de la miseria después de una inundación vecinos a la mueca autosatisfecha de los responsables de la reproducción del espanto. Liberados de la dictadura, carapintadas que eligen la teatralización siniestra; la ciudad trizada de las protestas civiles; los megaatentados que sacudieron a la comunidad judía y más: la dictadura y la posdictadura serpentean por estas imágenes, golpean en el plexo para abrir su significado y provocar un examen de nuestro lugar ineludible en esas imágenes.Se trata de fotoperiodismo, se trata de algunas de las obras que arman la iconografía de una época en nuestro país. Revistándolas nos reencotramos con las sensaciones abismales de aquella primera vez, con la angustia, con el dolor, con un inevitable miedo porque constatamos la recurrencia de una vida política que con excesiva frecuencia se dispara siempre desde las mismas manos, siempre en contra de los mismos.

Están en estas fotos las diversas formas que la espada cobra entre nosotros, la facilidad que posee el poder para dejar de lado los mecanismos que lo encuadran en una institucionalidad incipiente si esas reglas de juego lo amenazan. Theodor Adorno conmovió a toda la cultura occidental cuando aseveró que escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie. Toda la expresividad se pregunta cómo sigue la historia y la respuesta precisa flota aún entre nosotros, como si el maestro de la Escuela de Frankfurt nos siguiera interpelando diariamente. No es fácil responder qué poemas se pueden escribir después del videlismo. Pero aquí Longoni hace una aproximación: al menos, estas son las fotografías que hay que tomar.

Vicente Muleiro (escritor y periodista)


Violencias Argentina 1980 2003 de Eduardo Longoni

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  • Título del libro:  Violencias Argentina 1980-2003
  • Autor/a: Eduardo Longoni
  • Año:
  • Editorial:
  • Medidas: 20x20 CM


Violencias

La tensión política y social de la Argentina irresuelta consigue, con excesiva frecuencia, que la violencia encuentre su eterno retorno. Durante la dictadura militar (1976-1983) aquellas sangrías fundantes de la conquista, aquellas guerras brutales y facciosas de la independencia, aquellas matanzas de la Patagonia Rebelde o de la Semana Trágica, se juntaron en un solo haz para perturbar el semblante dolorido del país con una eclosión de terror destinada a marcar los cuerpos de la resistencia, de la oposición y de la crítica.

El videlismo reordena nuestra historia de violencia; a partir de sus matanzas todo atentado, toda muerte, toda explosión remitirá a esa espada chorreante, a la Argentina como un espacio de vida provisoria, donde las formas más salvajes del poder político pueden despertarse y arrinconarnos.

La fotografía de Eduardo Longoni participa de esta lectura: la imagen de la violencia no es solo el momento de la matanza o de la tortura, es un racimo de ojos uniformados, firmes en el hábito de la amenaza. El rearmado de la tragedia es la sombra de una víctima retornando al chupadero donde su vida estuvo suspendida y a punto de desaparecer. Es el gesto pietista y reconcentrado de quien se cree conectado con Dios para justificar su cruzada sanguinaria y buscar la legitimación en el templo donde un chico está recibiendo la hostia. Y son las cargas de caballería y los gestos crispados de las Madres y hasta los espacios vacíos de Malvinas donde hubo alguien que ya no está en ninguna parte. Y es también un juego de imágenes contrastadas: los refugios de la miseria después de una inundación vecinos a la mueca autosatisfecha de los responsables de la reproducción del espanto. Liberados de la dictadura, carapintadas que eligen la teatralización siniestra; la ciudad trizada de las protestas civiles; los megaatentados que sacudieron a la comunidad judía y más: la dictadura y la posdictadura serpentean por estas imágenes, golpean en el plexo para abrir su significado y provocar un examen de nuestro lugar ineludible en esas imágenes.Se trata de fotoperiodismo, se trata de algunas de las obras que arman la iconografía de una época en nuestro país. Revistándolas nos reencotramos con las sensaciones abismales de aquella primera vez, con la angustia, con el dolor, con un inevitable miedo porque constatamos la recurrencia de una vida política que con excesiva frecuencia se dispara siempre desde las mismas manos, siempre en contra de los mismos.

Están en estas fotos las diversas formas que la espada cobra entre nosotros, la facilidad que posee el poder para dejar de lado los mecanismos que lo encuadran en una institucionalidad incipiente si esas reglas de juego lo amenazan. Theodor Adorno conmovió a toda la cultura occidental cuando aseveró que escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie. Toda la expresividad se pregunta cómo sigue la historia y la respuesta precisa flota aún entre nosotros, como si el maestro de la Escuela de Frankfurt nos siguiera interpelando diariamente. No es fácil responder qué poemas se pueden escribir después del videlismo. Pero aquí Longoni hace una aproximación: al menos, estas son las fotografías que hay que tomar.

Vicente Muleiro (escritor y periodista)


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